domingo, 17 de marzo de 2019

El Templo de la Soledad. 1794-2019


En el siglo XVIII, en pleno auge del desarrollo devocional y patrimonial de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, encontramos sin duda el mayor hito de esta hermandad como muestra de amor filial y veneración a la Santísima Virgen, manifestado en la construcción durante ventisiete años de un nuevo templo y su bendición en 1794. El pueblo de Cantillana levantó un majestuoso templo a la Virgen de la Soledad: Un monumento que acredite el reconocimiento y gratitud mayor de este pueblo a Nuestra Madre y Señora, que ha sido en todos los tiempos el lugar de asilo y refugio donde han hallado todos los vecinos el socorro y alivio en todas sus necesidades, así públicas como privadas, pues no hay memoria [rº] ni hemos oído a nuestros mayores y antepasados, que habiendo implorado las divinas piedades y misericordias en tiempos de calamidad, poniendo por intercesora a nuestra amabilísima Madre, que no hayan conseguido el alivio y consuelo deseado.1

 Desde hace 225 años, el templo de Nuestra Señora de la Soledad se alza esplendoroso en lo más alto de Cantillana. Baluarte de una devoción profunda y fuertemente arraigada en este pueblo, la santa casa de la Patrona es cada día la meta de muchos cantillaneros que en constante peregrinación acuden a las plantas de la Virgen.

Mucho se ha especulado sobre los verdaderos motivos que originaron la construcción de una nueva ermita. Tradicionalmente se alude al conocido terremoto de Lisboa –1755– pero debemos reseñar que tras el seísmo la ermita siguió abierta al culto hasta 1765, fecha en que la Virgen es trasladada a la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción, pues según manifiestan las cuentas de 1797, en aquella fecha se procedió a su demolición. La antigua ermita de San Sebastián, posiblemente un edificio no muy anterior al siglo XVI, estaría construido de forma sencilla. Aunque la nueva edificación comenzó sobre el solar de la antigua ermita, no es muy probable que se siguiera el mismo trazado, pues las dimensiones del templo actual no se ajustan a las de una pequeña construcción situada en las afueras de un pueblo; sin duda, triunfó la idea de ejecutar un templo de mayor envergadura.

Con la empresa del nuevo templo, la Cofradía de la Soledad de Cantillana vivirá un considerable cambio cualitativo, bendiciendo en 1794 un recinto sagrado totalmente renovado, donde los grandes espacios blancos dejan paso a bellos retablos de gusto neoclásico, camarín, casa de santería, sacristías y dependencias para la hermandad.

Todo el esfuerzo y empeño de años de obras, eclosiona en una festiva y multitudinaria procesión organizada para trasladar las sagradas imágenes desde la parroquia hasta la ermita. Desde aquel momento, la Hermandad de la Soledad es administradora, no solo de la devoción centenaria a la Virgen de la Soledad, sino también de un templo, que por su enclave y capacidad, goza de una gran importancia cultual, pastoral y devocional en nuestro pueblo.

Tras veintisiete años de obras muy ralentizadas, por fin, y gracias a la intervención de un carismático mayordomo, el presbítero cantillanero José Velázquez, las obras fueron rápidamente concluidas en un solo año, fruto de una fuerte inyección económica. El éxito del susodicho mayordomo radicó en la capacidad para llamar al amor propio de los cantillaneros, poniendo encima de la mesa la dolorosa realidad que suponía un éxodo de veintisiete años. Al año de su proposición, el cura cantillanero consiguió lo que se planteaba, y alcanzó a recoger una gruesa cantidad de dinero, 57.936 reales, fruto de diversos donativos, con los que puso fin a un largo proyecto e incluso aventurar otro nuevo: el encargo del retablo mayor y camarín.

Una vez concluida la dilatada obra del nuevo templo el 7 de diciembre de 1792, surge con fuerza el proyecto de dotar a aquel recinto sagrado de las decoraciones convenientes, no solo para la celebración del culto divino, sino también para contener dignamente las imágenes
titulares de la Hermandad de la Soledad durante todo el año. En las detalladas cuentas que presenta el mayordomo en 1797, acerca de todos los gastos importantes soportados durante el ya mencionado periodo de actividad constructiva, aparece destinada una sustanciosa cantidad de dinero para afrontar la realización del retablo mayor:
Ytem. Es más data veinte y dos mil reales de vellón, gastados e impendidos en la construcción del célebre retablo de dicha capilla en el año de setecientos noventa y tres.2

El hecho de que inmediatamente a la conclusión de la obra edilicia comience otra, casi de tanta entidad como aquella, pero elaborada en madera dorada, confirma la consecución del objetivo de José Velázquez, cuando afirmaba que se vio decidido a dinamizar los proyectos para la nueva ermita, por la mucha devoción que el pueblo de Cantillana rendía de forma inmemorial a la Virgen de la Soledad. Sin duda, el pueblo no le falló, y en solo dos años pudo reponer las sagradas imágenes en sus respectivos lugares de culto con toda solemnidad.

A diferencia del anonimato que pesa sobre la traza arquitectónica del nuevo templo, sí se conoce documentalmente la autoría del retablo mayor que la Cofradía de la Soledad contrató en 1793; José Velázquez, como mayordomo de la cofradía, confió tan importante encargo a los entalladores Manuel Caetano da Cruz y José Mayorga:


Sépase como nos, Manuel Cayetano de/ la Cruz, de exercicio tallista, vecino de esta ciudad/ de Sevilla en la collación de Santa Marina, y Josef/ Mayorga, del propio exercicio, vecino de ella en la de Santa Catha-/ lina, de vn acuerdo y con¬formidad, otorgamos en favor/ de la Cofradía y Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, sita en su her-/ mita extramuros de la villa de Cantillana, y de sus mayordomo, oficia-/ les y deemás hermanos de ella y decimos tenemos tratado ha-/ cer vn retablo que a de servir de altar mayor para colocar en/ él a dicha san¬tísima ymagen según el diseño que emos hecho y se halla/ aprobado por toda la Hermandad.3

En octubre de 1793 concluyó la talla del retablo y del camarín para la Soledad de Cantillana, pero ni en el contrato del retablo ni en las cuentas de la hermandad se menciona nada sobre el escultor que llevó a cabo el conjunto de imágenes. En este sentido, el notorio parentesco estilístico y formal que guardan con la obra del artista genovés Juan Bautista Patrone y Quartín, ha provocado que la obra escultórica de los retablos de esta ermita le fueran atribuidos al mismo por el profesor González Isidoro.

Una vez concluidas todas las obras, se procedió a la bendición del nuevo templo el 17 de febrero de 1794 por el párroco, D. Justo Pastor Sierra. El sábado 23 de febrero se organizó una grandiosa procesión extraordinaria para trasladar las imágenes titulares al nuevo templo, acudiendo a la procesión todas las autoridades civiles, militares y religiosas de la villa, así como la comunidad del convento de San Francisco. Durante la procesión se lanzaron salvas de escopetas o los cazadores del pueblo y se quemó un castillo de fuegos de artificio. Los actos concluyeron con la entronización de la Virgen de la Soledad en su nuevo camarín y con una solemnísima función de Iglesia la mañana del domingo 24 de febrero.

Ytem. Es más data diez y nueve mil y doscientos reales de vellón, que se gastaron en la solemnísima Función de la bendición de dicha capilla, que se celebró el día diez y siete de febrero del citado año de setecientos noventa y quatro: en la magnífica procesión que se celebró el día veinte y tres del citado mes y año para restituir y colocar a Nuestra Amabili [vº] sima madre en su santa casa: en la admirable Función de Yglesia que se celebró la siguiente de la colocación que fue día del señor San Matías apóstol y veinte y quatro del mismo mes y año: en el riquísimo manto de terciopelo que se hizo nuevo a Nuestra Madre y Señora para que lo estrenara el día de la colocación: en el hermoso velo que cubre el divino simulacro en su camarín, y demás ropas de sacristía, de cuyas Funciones pareció a dichos señores capitulares, era justo quedase a la posteridad una idea, aunque imperfecta, del modo y orden con que se celebraron.4

En el interior de la ermita quedó constancia de tal efemérides en las letras lapidarias que se encuentran en un mármol justo al presbiterio. Hace 225 años, nuestros antepasados asistieron a la solemne bendición del santuario, uno de los acontecimientos más destacados de la historia moderna de Cantillana. Hoy somos nosotros los que viviremos otro hecho relevante
que pasará a la historia.

El solemne Rito de Dedicación de la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, que el próximo 25 de mayo (D.m.) celebrará el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla, será ciertamente un motivo de inmensa alegría y de acción de gracias que impulsará aún más la labor pastoral que ya se desarrolla en este templo desde hace siglos. La hermandad
viene preparando este acontecimiento desde hace tiempo y será el colofón de las celebraciones del CCXXV Aniversario de la Bendición del templo de nuestra augusta Patrona.

1. Archivo de la Hermandad de la Soledad de Cantillana. Libro de cuentas
1734-1797, cuentas 1-V-1763, dadas por el mayordomo José Velásquez, s.f.
2. Ibidem.
3. Archivo Histórico Provincial de Sevilla, sección Protocolos Notariales,
leg. 777, año 1793, fol. 1083-v.
4. Archivo de la Hermandad de la Soledad de Cantillana. Libro de cuentas
1734-1797, cuentas 1-V-1763, dadas por el mayordomo José Velásquez, s.f.

Publicado en la Revista Tiempo de Pasión, nº 25 (Cuaresma de 2019)